Paso
mucho tiempo delante del ordenador. Pero mucho. Y lo llevo haciendo desde que
tengo memoria. Como este es mi blog, y voy a hablar sobre videojuegos, me
permitiréis que haga un poco de memoria en mi vida.
En mi
casa había ordenador desde que nací. Un viejo cacharro que tiraba con MS-DOS y
que sólo escribía con letras verdes sobre fondo negro. El único juego que
existía ahí era la serpiente, pero con 3 años te acabas aburriendo enseguida de
la serpiente.
Después,
a mi tío le dio por regalarme una Super Nintendo, de las primeras que se
vendieron en España. Creo que fue el mejor regalo que podía recibir un niño de
4 años en 1992. Super Mario no me ha abandonado desde entonces, y la pasión por
los videojuegos tampoco.
Pero mi
padre vio una oportunidad para invertir mi tiempo delante de la pantalla. Y en
1996 (he tenido que preguntarle fechas, porque a mí se me escapa un poco el
momento) llegaron los videojuegos educativos a mi casa.
Mi
concepción de los videojuegos en educación siempre ha sido muy simplista. Mi
padre intentó meterme en la cabeza las divisiones y Dios sabe qué más con
juegos “educativos” en los que realizabas ejercicios y según el éxito que
tuvieras y el tiempo que le estuvieras dedicando a la materia te permitía jugar
luego a juegos puramente lúdicos. Como una recompensa. Yo odiaba aquel maldito
y mal llamado videojuego. Creo que seguirá dando vueltas por algún rincón del
despacho, en la caja de la torre de ordenador con Windows 95. Sin embargo,
reconozco que mi opinión ha variado en estos años tanto como lo han hecho los
propios videojuegos.
En la
conferencia de Tom Chatfield me he dado cuenta de que el potencial de los
videojuegos (o al menos, de su estructura organizativa del usuario) en
educación es enorme. Si podemos conseguir que el niño experimente la educación
como experimenta un videojuego, os aseguro que el fracaso escolar en este país
desaparece en 3 años.
Y de la
misma forma no deberíamos aplicarlo sólo en el ámbito escolar. Creo que algunos
puntos clave que se citan en la conferencia como el proceso de microrecompensas
o el indicador de progreso personal serían exportables a algunas profesiones.
Mientras
tanto, creo que voy a instalar un rato el viejo Win98 y a jugar un rato.
Por cierto, con
este juego aprendí sin buscarlo inglés de pequeño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario