Buscar
nuestro sitio en el mundo.
No
somos maestros, por ahora. Pero lo seremos. Y debemos buscar nuestra posición
dentro de este cada vez más complejo organigrama de la educación actual.
Lo que
antes era pilar base ahora es poco más que una desventaja de cara a nuestros
alumnos. Antes podía valer saber mucho de ciertas cosas y no hablar sobre el
resto. Podía valer el repetir el mismo plan curso tras curso si siempre
enseñabas en un mismo ciclo de primaria. Podían pasar de ciertos alumnos porque
no atendían a la diversidad, no tenían ni los recursos y quizá mucho más grave,
no tenían la concepción de “no dejar a nadie atrás”.
El
portal de Internet http://edudemic.com publicó en marzo una entrada
sobre las 10 habilidades básicas que debe tener todo educador en el siglo XXI,
que ha continuación expongo:
1. Crear una red de aprendizaje
profesional. La conexión con otros profesionales de todos los ámbitos de la
educación ayudará a enriquecer y mejorar nuestra labor con los alumnos dentro y
fuera del aula, y a entender las limitaciones del sistema para poder adaptarnos
lo mejor posible a ellas.
2. Establecer relaciones reales. En
cualquier ámbito, sea en la red o en nuestro mundo físico, debemos ser personas
abiertas y extrovertidas, capaces de entender otros puntos de vista y
establecer vínculos con las personas del mundo que nos rodea, y que cada vez es
más amplio y variado.
3. Entender dónde encaja la
tecnología en la educación. Las TIC son unas herramientas maravillosas para
relacionarnos con el mundo, y debemos entender cuál es la mejor forma de
introducirlas en las aulas para que nosotros los maestros y nuestros alumnos
las aprovechemos de forma óptima.
4. Saber encontrar recursos útiles.
Aprovechar los portales y blogs especializados, las páginas con recursos
puntuales, los grandes nodos de noticias para trabajarlas luego en el aula. Es
importante que cultivemos nuestra destreza a la hora de buscar y recopilar
información y herramientas eficaces en la educación.
5. Cuidar tu reputación digital.
Todos tenemos una vida personal y un pasado antes de dedicarnos a la educación.
Con el mundo actual permanentemente conectado, hay que tener precaución en qué
información queremos volcar a la opinión pública, ya que puede traernos
problemas cuando menos lo esperemos o cuando ya no recordemos que hicimos en
ese momento. La huella digital es permanente en el tiempo y debemos valorar que
rastros debemos borrar de nuestro sendero.
6. Conocer la forma de bloguear. No
volcar demasiada información de golpe. Utilizarla como un bisturí para trabajar
puntos muy concretos y de forma eficaz. Con la cantidad de información
disponible ser un buen crítico y despachar la información inútil de la útil es
una labor necesaria.
7. Relajarse. No todo va a ser una
vorágine de trabajo, búsqueda de información masiva y de innovación las 24
horas del día. Tomarse las cosas con calma, con el debido tiempo y atención
harán del trabajo mucho más importante y las lecciones quedarán más asentadas.
8. Hacer que las redes sociales
trabajen para ti. Buscar gente en las redes sociales que publiquen sobre tus
centros de interés profesional. Encontrar páginas de consulta que toquen los
temas en los que trabajas. Siempre habrá gente que sepa más que tú en todas las
materias, y que además tiene la gentileza de publicar sus conocimientos y
opiniones de forma pública. Aprovechar esa oportunidad de enriquecernos y
enriquecer nuestro trabajo.
9. No tener miedo a equivocarse.
Probar nuevas ideas, nuevas metodologías, nuevos programas. Intentar innovar y
hacer más atractiva la explicación, la lección o el día a día en el aula.
Muchas veces fallaremos, pero como dijo Edison tras inventar la bombilla
después de 2000 intentos: -“no fallé 2000 veces, sólo descubrí 1999 formas de
cómo no se hace una bombilla.”
10. Saber cuándo desconectar. Tener
un equilibrio emocional sólido. Saber cuándo hay que parar de trabajar y
disfrutar de la vida. Que nuestro trabajo no acabe volviéndose en nuestra
contra por acabar quemados.